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Sarina y Julia

Acontecimiento editorial

Publicado: 2026-07-19


En estos meses, somos testigos de un acontecimiento editorial para la historia de la poesía peruana: me refiero a la recuperación de la obra de finísimas poetas del siglo pasado que, sin embargo, han sido increíblemente olvidadas (o sospechosamente olvidadas) por el canon literario oficial. La editorial Calandria de Fuego ha publicado la poesía completa de Sarina Helfgott y la editorial Pesopluma la poesía de Julia Ferrer.

Hace unos años mi amiga y colega Alexandra Hibbett se hacia las siguientes preguntas: “¿Qué canon queremos? ¿Qué canon necesitamos y según qué criterios? ¿Cuál es la actualidad del canon literario que hemos heredado?” 

Como sabemos, el canon es una selección de autores y obras que forma la institución literaria y que guía y difunde lo que debe leerse. Con claridad, Angel Rama sostuvo que “la crítica no escribe las obras, pero sí construye “La literatura”.

Todo canon es producto de una selección, pero el problema es que esa selección es siempre histórica, nunca es neutral y está dada bajo criterios que necesitan ser permanentemente repensados. Todo canon inevitablemente excluye y olvida. En el caso peruano, es claro que su elaboración ha estado marcada por criterios monolingües (siempre en español), centralistas (es un canon limeño) y patriarcales (sigue siendo fundamentalmente masculino).

Algo, sin embargo, debe quedar claro: el problema, en el canon, no son los autores ni sus obras. El problema es la invisibilidad que el canon trae consigo. La gran mayoría de autores que están en el canon peruano merecen estarlo. Nadie puede negar la importancia de la poesía de Jorge Eduardo Eielson, Carlos Germán Belli y Javier Sologuen, por ejemplo. El problema es la poca visibilidad de todos aquellos que no ocuparon lo que se consideró la primera fila. El problema es que, al costado de Blanca Varela, hayamos perdido de vista voces fundamentales como las de estas dos poetas hoy reeditadas que la propia Blanca leyó con entusiasmo y admiración.

Comencemos con la obra de Sarina Helfgott. Sus poemas estaban en algunas antologías, pero la dificultad de leer sus libros completos impedía un conocimiento general de su producción poética. Hoy ya la tenemos y nos sorprendemos por la variedad de registros en los que su poesía se movió: registros que van desde lo más íntimo hasta lo más político. De un lado, podemos decir que es en la poesía de amor donde esta poesía se despliega en toda su virtud. Los poemas son sobrios, compactos y extremadamente líricos. Citemos uno de ellos:


¿Qué ave enceguecida inmóvil roza mi sueño y enmudece?

¿Qué fuego enajenado osa danzar ebrio en mis espacios

y fluyendo en su muerte se cautiva?

¿Qué luz oscura qué espuma inmaterial gime en la médula,

habita el hueso nunca todavía;

y me toma las dos manos

y me toma la única frente

y me sucede y me duerme?


En este poema, la confrontación con el deseo va de la mano con la producción de un ritmo y de un conjunto de imágenes que destacan por su intensidad y precisión. El poema registra la irrupción de un impulso que a veces toma y persigue a la subjetividad: una intensidad que la coge por completo y que la coloca más allá de toda posibilidad de control. La voz poética reconoce su fragilidad y no puede sino asumir su propio desconcierto frente a una realidad (interior y exterior) cargada de falta y de error.

De otro lado, El libro de los muertos (1962) es un impactante homenaje a las víctimas del holocausto, tema que la involucró tanto por ser hija de migrantes judíos ucranianos, como por haber tenido familiares que murieron en los campos de concentración. “Hans”, por ejemplo, es un poema que hoy podemos leer en diálogo con las ideas de Hannah Arendt sobre “la banalidad del mal”. El poema titulado “Y mientras tanto” dice lo siguiente:

Y mientras tanto, ¿quién devolverá –pregunto-

la risa

en lugar del gas

la única sangre

en lugar del gas

el beso

en lugar del gas?


Pasemos ahora a Julia Ferrer: su poesía nos asombra y nos impacta por una calidad estética conseguida a partir de varios procedimientos que luego serán muy utilizados en la poesía latinoamericana. Nada menos que Alejandra Pizarnik es contemporánea suya y sus estéticas resultan muy parecidas. El primer poema de Julia Ferrer es el siguiente:


Tres barreras tres barreras

y una noche oscura

salté una barrera

dos barreras dos barreras

y una noche oscura

una barrera una barrera

y una noche oscura

salté una barrera


Como puede notarse, esta es una poesía minimalista que utiliza muy pocos elementos y que hace del silencio su herramienta más importante. En sus poemas, el silencio no es un vacío sino un recurso, una herramienta de construcción que, sin embargo, no es puramente estética sino política: esta es una voz que sabía bien qué es lo que no podía decirse en una sociedad como la peruana. Esta es una voz que supo cómo simbolizar esa imposibilidad para intentar trasgredir desde ahí.

De hecho, en la poesía de Juila Ferrer observamos la representación de deseos tanto heterosexuales como homoeróticos, vale decir, deseos que no tienen un objeto definido, sino que se activan más allá de toda norma, más allá de toda moral conservadora, más allá de todo poder, y que buscan expresarse y vivirse libremente.


La puerta estaba abierta

yo la miré y estaba

y me seguí de largo

la puerta está entornada

yo me acerqué y estaba

me quede vacilando

la puerta está cerrada

yo la empujé y estaba

volví sobre mis pasos


No es entonces una idea alocada proponer que el canon poético del siglo XX necesita una revisión urgente: hace poco se publicó la obra de Elvira Ordoñez y de Raquel Jodorowsky. Hoy nos hace falta conocer más la obra Lola Thorne, Gloria Claussen, María Eugenia González Olaechea, Graciela Briceño, Cecilia Bustamante, por nombrar solo algunas. Es urgente seguir desestabilizando lo que creíamos cerrado y estable.

Los profesores de literatura estamos agradecidos, en este caso, a Elizabeth Lino, a Luz Vargas, a Paul Guillen y a Tilsa Otta por el invalorable trabajo realizado,


Referencias:

Helfgott, Sarina, Mi nombre no es causalidad. Poesía reunida (1956-1995). Lima: Calandria de Fuego, 2025.

Ferrer, Julia. En la orilla de todos los sueños. Poesía Reunida. Lima: Pesopluma, 2026.


Escrito por

Victor Vich

Crítico literario. Doctor Georgetown University, EEUU. Enseña en la PUCP. Ex-profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes.


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