Vio y escuchó lo que otros no

Juntos por el Perú

(Para los indecisos, o todo lo que usted necesita saber para votar este domingo)

Publicado: 2021-04-07


Treinta años han sido suficientes. Nos quejamos del precio del oxígeno y de la falta de camas, pero estamos a punto de votar por uno que quiere privatizar las vacunas. Nos quejamos del transporte público, pero sabemos que su caos es un efecto de las políticas neoliberales de Fujimori. Nos quejamos de las “universidades bambas” pero ellas son solo el vil producto de un sistema que lo ha mercantilizado todo. Nos quejamos del abuso de Telefónica, pero la presencia de esa compañía es el signo mayor de la desregulación. Nos quejamos de las AFP, pero ellas fueron creadas por un ortodoxo que, por si fuera poco, construyó la suya propia con una pizzería al costado llena de ratas y cucarachas. ¿Es posible, en el Perú, dejar de idealizar a las empresas privadas? ¿En qué manos quedó todo el dinero del supuesto crecimiento económico?

Vivimos bajo un sistema que se ha dedicado a destruir toda idea de lo colectivo, todo ejercicio de responsabilidad frente al bien común. Hemos quedado insertos en un sistema que solo promueve la competencia salvaje, el individualismo narciso, la frivolidad ignorante. El programa “Esto es guerra” es la imagen más perfecta del país que tenemos. La corrupción no es solo un problema de “valores” sino de constitución de la realidad por un modelo económico que hace agua por todos lados. Quienes hoy culpan al Estado de su ineficiencia son justamente los que, durante varias décadas, se han dedicado a denigrar su rol y a destruir todos los servicios públicos. Basta con ver los spots de Lampadia (¿Cuántos galones de oxígeno costará cada uno de ellos?) para demostrar cómo los representantes de esta inercia están atravesados por la falta de autocrítica (y por el fundamentalismo dogmático).

El privilegio del número es paralelo a la crisis de la comunicación humana. Los agroexportadores mostraban grandes cifras, pero poco sabíamos de las familias de esos trabajadores esclavizados. Un sistema del número (que lo mercantiliza todo) es un sistema sin seres humanos. Hoy, hasta los comentaristas de futbol limitan sus opiniones a contar cuantos saques de banda se han producido por el lado derecho en el primer tiempo. Es la crisis del pensamiento y de las ideas. Hoy –lo han dicho muchos- se construye una llamada “opinión pública” a partir de simples monosílabos y preguntas siempre parciales e incompletas.

Hernando de Soto es un fujimorista disfrazado. Chibolín es su Laura Bozzo. Su discurso es una fotocopia de PPK, la farsa de esa frivolidad incapaz de pensar en lo público. ¿Vamos a elegir, otra vez, a alguien que creía que el Perú podía gobernarse haciendo aerobics en el patio de Palacio de Gobierno? ¿Vamos a elegir a quien se va al extranjero a vacunarse cuando las papas queman? ¿No aprendemos los peruanos? Hay que decir, con pena, que Chibolín no es ejemplo para nadie. Más bien, es el triste símbolo de una crisis educativa con 200 años de vida republicana encima. En el Perú, nos hemos vuelto cínicos. ¿Alguien sensato puede creer que César Acuña pudo escribir una tesis doctoral? ¿Alguien puede pensar que sus hijos son modelos de inteligencia, sinceridad y sabiduría?

Hay que repetirlo con desgarro: ni la salud ni la educación pueden seguir siendo un vil negocio. Tampoco la planificación y el desarrollo urbano. Ni en los países más capitalistas se privatizan los espacios públicos como sucede en el Perú. Vivimos en un sistema sin límites. Vivimos bajo el poder de un grupo de poderosos que se han acostumbrado a que nadie les diga nada.

“La cantidad enorme de dinero que cuesta ser pobre”, dijo César Vallejo. ¿Alguien puede detenerse a explicar ese verso?

El Estado peruano es una vergüenza, sí, -qué duda cabe- pero justo por eso hay que reinventarlo. Y no lo pueden hacer aquellos que lo desprecian o aquellos que lo usan para provecho propio. Tampoco pueden hacerlo los que se dicen del “centro” que siempre terminan en la derecha. El “centro” nunca es el centro como lo explicaron, hace tiempo, los post-estructuralistas. En este año de bicentenario debemos comenzar a construir un país mejor. No hay que tener miedo. Hay que votar por lo nuevo. Seguir en lo mismo se ha vuelto insoportable. Vota por el cambio: vota por Vero.


Escrito por

Victor Vich

Crítico literario. Doctor en Literatura por Georgetown University, EEUU. Es profesor en la PUCP y de la Escuela Nacional de Bellas Artes.


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