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Travesía invertebrada

Nuevo poemario de Ethel Barja

Publicado: 2019-12-20


¿Es posible "despertar del mutismo de las cosas"? ¿Es posible evadir el peso de la noche, la "niebla que devora el espacio"? ¿Son realmente vanas todas las estrategias que proponemos, o imaginamos, para maniobrar con los abismos de la vida y la dimensión cruel de su condición? ¿Por qué hoy el tiempo que respira en los cuerpos "abraza siempre un borde incompleto"?

El libro de Ethel Barja es fino para detectar un conjunto de antagonismos que impiden que la subjetividad pueda desplegarse con fertilidad y que, más bien, siempre terminan por enroscarla en un laberinto sin fin. Los primeros versos dicen lo siguiente: “Hemisferios enfermos aparecieron en cada fruto y manchas violáceas se expandieron en los brazos”. Estas marcas establecen la pauta del libro y dejan constancia de la permanente emergencia de un conjunto de contrariedades y límites.

No son, sin embargo, estos antagonismos ni los avatares del propio viaje (descritos en 28 días) los tópicos centrales del libro. Lo es, sobre todo, una sensación de desorientación que aparece figurada tanto como una condición existencial y como una determinación externa. El tema es importante porque la desorientación es una de las características más importantes de todas las que  hoy definen nuestra época. Hoy, en efecto, vivimos sin modelos que nos guíen, sin proyectos claros en los que tengamos confianza, sin una imagen de futuro. En estos tiempos nuestra vida transcurre en el puro presente; es incapaz de reinventar alguna herencia del pasado y se muestra casi sin ninguna capacidad para construir un futuro nuevo más allá de la simple inmediatez.

El título del libro, travesía invertebrada, apunta también a ello: este es un viaje sin estructura, sin armazón, sin un plan, un viaje que parece movilizarse a través de diversos canales que no se conectan entre ellos y que no sabemos si verdaderamente son capaces de articularse con algo nuevo. Desde este punto de vista, un viaje invertebrado no parece un viaje. Este, e enefcto, parece ser un viaje estático o, más bien, un tipo de parálisis que se figura como un viaje. “Todo se reduce a sentarse diariamente/ a la espera de la luz en su trapecio”.

Recordemos que el crítico de arte Boris Groys ha señalado que nuestra época es muy diferente a las anteriores. Par él, nunca antes la humanidad estuvo tan interesada en su propia contemporaneidad. La edad media se preocupaba por la eternidad, el renacimiento por el pasado y la modernidad por el futuro. Solo nuestra época, liberal y posmoderna, parece estar interesada –fundamentalmente– en sí misma. Esto sin embargo, no significa que la época pueda describirse correctamente y se conozca a sí misma. Muchos pensadores subrayan que, por el contrario, que la desorientación marca además nuestro presente. Esta, como sabemos, es una época pragmática y mercantilista que ya no quiere hacerse más preguntas, que ha optado por desentenderse de todo lo conquistado en el pasado (los derechos laborales, por ejemplo) y que desprecia toda idea compleja que afirme algo diferente a lo que existe. Como bien decía Mariátegui, esta es una época incapaz de generar un mito. Esta es una época que solo apunta al no-acontecimiento, a la pura reproducción de lo existente.


La palabra sobre la palabra

Inútil leer el cielo, el subsuelo

el ojo del insecto

(Día 25)


Sin embargo, el libro da cuenta de los muchos los intentos por buscar orientación, por intentar fijarse en algo, por establecer una marca que perdure, pero el problema es que el resultado parece ser siempre el mismo: todo termina siendo vano e inútil. El sujeto suele caer preso de sus decisiones, de sus condicionamientos y de su propia fatalidad.


No aprendimos a girar la madeja

Nuestras hebras viciadas

jamás hicieron redes

Solo teníamos sopor y espanto

en las extrañas líneas de la vida

en la conspiración de sus trazos

(Día 3)


Por eso, y con firmeza, el libro insiste en que hoy vivimos bajo “el pulso dormido de la memoria”. Subraya que ya no sabemos cómo levantar columnas nuevas, cómo regar las raíces y, peor aún, que hemos olvidado donde escondimos las plegarias. Escritos todos con un verso elegante, directo, pero altamente simbólico, los poemas se suceden en una dura travesía donde “Algo se busca/ para buscarse se contradice…algo se busca/para buscarse se precipita y duda”.

En un contexto donde solo observamos este presente "agazapado en su quejido perpetuo"; en este momento negro figurado como un "enjambre que no nos deja dormir", bajo este presente lleno de "ráfagas de furia" (por haber perdido algo que nos oriente y nos proporcione sentido), estos poemas insisten en las preguntas, y en la heridas, pero además tienen el coraje de afirmar otra cosa bajo el terco “susurro del todavía”. “Aun creo en las puertas secretas”, dice un verso con dignidad. Este es un libro notable. Situada ante el terrible “peso de las horas oscuras”, la escritura poética en  el Perú insiste en afirmarse como un silencioso resto que no deja de brillar.


Escrito por

Victor Vich

Crítico literario. Doctor en Literatura por Georgetown University, EEUU. Es profesor en la PUCP y de la Escuela Nacional de Bellas Artes.


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