le dice #NoALaGuerra

101 silloncitos presidenciales. Instalación de Cecilia Noriega,  2002.

Ninguna crisis, ningún desprestigio

Publicado: 2018-03-21


Los mismos Partidos volverán a ser electos, muchos de los mismos congresistas ocuparán sus escaños, los mismos tecnócratas volverán a imponer las mismas recetas y los mismos periodistas seguirán invitando a los mismos invitados. Es muy probable que nada cambie como nada ha cambiado desde hace mucho. En la política grande, volveremos a ver a Keiko Fujimori sin ningún remordimiento; en el Congreso de la República, veremos nuevamente a Luis Galarreta, Mauricio Mulder y a Jorge del Castillo dando cátedra de cinismo; en RPP volveremos a ver a Cayetana Aljovín ganándose la vida; en la Confiep a Roque Benavides con su cara de peruano responsable y, probablemente, seamos testigos sobre cómo Cecilia Blume o Susana de la Puente vuelvan a trabajar en la PCM. 

Más aún: personajes como Carlos Bruce y Juan Sheput querrán volver a ser congresistas y probablemente serán reelectos para seguir defendiendo lo indefendible. El Cardenal Cipriani seguirá dando consejitos (y plagiando artículos) y todos los amigos del club empresarial saludarán con respeto a Bruno Giufra. La izquierda se seguirá dividiendo sin importarle su propia historia. Puede ser, inclusive, que un hombre tan desorientado como Idel Vexler vuelva a ser Ministro de Educación y que, más allá de haber ocupado vergonzosamente el cargo, Alejandro Neyra continúe sin problemas su flamante carrera diplomática (y literaria…).

Aquí no ha pasado nada. Son solo fanfarronerías. Si Keiko hubiera ganado las elecciones, probablemente PPK hubiera aceptado ser su ministro de economía y, por supuesto, Mercedes Araóz hubiera desfilado por otros ministerios. Algunos dicen que se trata solo de un “lío entre capitalistas”. Lo cirto es que los peruanos nunca aprendemos de la historia. No hemos leído la “Historia de la corrupción” y continuamos atrapados en la repetición tanática de la que hablaba Freud.

Es mentira que hay malestar popular. El malestar es una ficción discursiva inventada por las encuestas. A los peruanos no nos “entran balas” porque, al menos, durante las tres últimas décadas, el capitalismo neoliberal ha destruido todo interés colectivo, toda idea del bien público, toda reflexión sobre lo justo. PPK nos ha enseñado que solo importa el interés privado, el enriquecimiento ilícito y que es muy bueno evadir impuestos e, incluso, que haya contrabando. Es mentira que los peruanos estamos hartos de los políticos tradicionales. Es mentira porque siempre votamos ellos. La llamada “República empresarial” no ha terminado todavía.

Seamos francos: los peruanos no queremos ninguna reforma de fondo. Los tecnócratas seguirán en el poder. Ninguna reforma electoral. Ninguna lucha contra la corrupción. Ninguna lucha contra el machismo. Ningún control sobre la minería irresponsable ni sobre la brutal tala de árboles en la selva peruana. En realidad, ninguna propuesta de fondo para producir un verdadero cambio cultural. ¿Cultural? ¿Qué es eso? dirán muchos, mientras otros seguirán pensando que el indulto ha sido bueno y que la mejor manera de lograr la llamada “reconciliación nacional” es comprar, con dinero, a las víctimas de la violencia política. ¿Castañeda será enjuiciado? ¿Alan volverá a ser Presidente? ¿Alberto Fujimori volverá a ser candidato? ¿Existen los peruanos honestos? ¿Es inútil tener esperanza? Perdón, perdón: algo bueno sí ha cambiado en los últimos días: contra el dogmatismo imperante, ahora sí podremos observar, ya con canchita barata, el próximo episodio.


Escrito por

Victor Vich

Crítico literario. Doctor en Literatura Hispanoamericana en Georgetown University, EEUU. Es profesor en la PUCP e investigador en el IEP.


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