respeta al almirante

Ayacucho, Calle Tenería

Reconstruir la cultura, no solo el cemento

Publicado: 2017-04-16


¿Qué es lo que hay que reconstruir en el Perú? La respuesta no es tan difícil. Lo que tenemos que reconstruir es la idea misma de comunidad, el sentido de la vida colectiva. Ha quedado claro que vivimos muy mal en el Perú. La corrupción nos estructura y la informalidad termina por revertir sobre nosotros mismos. No podemos seguir viviendo así. ¿Son Moreno, Burgos, Ramos, Toledo y demás casos aislados? No, no lo son: son un patrón cultural, una metástasis que se reproduce sin parar.

De nada servirá construir nuevos puentes y encausar nuevamente los ríos sino se activan un conjunto de proyectos para que los peruanos entendamos que el interés personal debe integrarse al interés colectivo, que hay leyes que deben respetarse y que no podemos transgredirlas todo el tiempo. Algunos dirán que es necesaria una reforma educativa. Sí, pero se trata de una reforma que debe realizarse “fuera” de la escuela: en los medios de comunicación, en las plazas, en los parques, en todos los barrios del Perú.

La cultura debe ser un agente central en la reconstrucción del país si la entendemos como el tipo de vínculos y hábitos que articulan a una comunidad, y que han determinado las relaciones de unos con otros, y de todos con la naturaleza. De hecho, lo que en el Perú se ha deteriorado son los vínculos entre los peruanos: somos, seguimos siendo, una cultura autoritaria, una cultura que ha hecho de la corrupción y el engaño una práctica cotidiana. Somos, seguimos siendo, una cultura informal sin capacidad para planificar, sin capacidad para pensar metas colectivas más allá de los intereses privados. Somos, seguimos siendo, una cultura que goza tratándose mal unos a otros, jerarquizándose unos a otros, discriminándose unos a otros, y que ha perdido buena parte del sentido de la justicia. Somos, seguimos siendo, una cultura que no respeta el medio ambiente y lo destruye día a día.

Todo eso es lo que tenemos que comenzar a cambiar. Si realmente queremos ir al fondo de asunto, tenemos que criticar al individualismo salvaje, fomentar el respeto a la ley y –repito- promover la idea de que el interés personal no puede imponerse frente al interés colectivo. El rol de la cultura es educar. Los objetos culturales (el cine, el teatro, las artes visuales, la música, la poesía, la danza, etc) sirven para reconstruir sentidos colectivos y ofrecer nuevos modelos de identidad: permanentemente, ellos nos enfrentan ante imágenes sobre la manera en que vivimos, sobre las relaciones de poder bajo las cuales nos relacionamos unos con otros.

Son dos, en mi parecer, los roles que la cultura puede cumplir si el gobierno se anima a hacer algo de fondo. En primer lugar, se trata de potenciar el programa “Puntos de cultura”, un programa que debería ser mucho más importante de lo que hoy es. En segundo lugar, necesitamos iniciar la construcción masiva de centros culturales por todo el país entendidos como lugares de “apoyo” a la escuela y de nueva socialización ciudadana.

Los “puntos de cultura” (o los proyectos de “cultura viva comunitaria” que el alcalde Castañeda desarticuló vilmente) han demostrado ser un programa exitoso por todo el continente. Ellos demuestran que, más que “crear” políticas culturales “nuevas”, los gobiernos deben, sobre todo, apoyar a los grupos existentes, visibilizando su trabajo, difundiéndolo más y ofreciéndole una mayor cantidad de recursos. Los “puntos de cultura” ayudan a mejorar las condiciones de vida en los barrios (en temas de seguridad, salud, educación, etc) y ofrecen alternativas de desarrollo para los niños y jóvenes. En el Perú de hoy no solo necesitamos de buenas escuelas y buenos maestros; necesitamos además de barrios cargados de eventos culturales en las calles y los “puntos de cultura” son el lugar para gestionar una intensa actividad educativa.

En segundo lugar, el gobierno debe iniciar la construcción de centros culturales a lo largo de todo el país. El déficit de espacios públicos es enorme y más ahora donde privatizar se ha vuelto un dogma religioso. Se trata de construir lugares para que los niños y adolescentes tengan un espacio adecuado para hacer sus tareas (sus casas no lo son) y así mejorar su rendimiento educativo, descubrir nuevos intereses y desarrollarse mejor a partir de nuevos consumos. En mi opinión, eso es invertir bien en educación. Actualmente, el Ministerio de Educación gasta inmensas cantidades de dinero en programas inútiles y el Ministerio de Cultura nunca tiene suficiente dinero para activar programas de este tipo. ¿Cuánto cuesta construir 24 de estos centros culturales? ¿Cuánto cuesta construir 48? ¿Muy caro? Pienso que es una inversión mucho mejor, mucho más productiva, que el satélite de Ollanta y Nadine.

Desde hace cuatro meses el colectivo “Más cultura más Perú” ha iniciado una campaña para que el gobierno se tome en serio la necesidad de activar mejores políticas culturales a nivel nacional y aumente el presupuesto en el sector (que baja año a año). Salvador del Solar parece ser un excelente Ministro para liderar una campaña así. Con mucha claridad, él mismo lo ha venido afirmando la necesidad de una reconstrucción que privilegie la cultura y no solo el cemento. La cultura no puede seguir siendo un adorno; debe ser “un motor del desarrollo”, lo ha dicho también.

¿Quiénes integrarán los equipos de reconstrucción? Es un consenso que debe tratarse de equipos interdisciplinarios que cuenten, sobre todo, con urbanistas, geógrafos, científicos, ingenieros y administradores de primer nivel. Lo prioritario debe ser el conocimiento científico y no el interés político. Pero también necesitamos ahí gestores culturales. Si los medios de comunicación no ayudan, si la empresa privada y las leyes del mercado siguen maleducando a la población (semana tras semana, Federico de Cárdenas nota, por ejemplo, cómo en el Perú tenemos la peor cartelera de cine del continente: sí, la peor…) el Estado tiene que diseñar creativamente estrategias para ofrecer algo mejor. Es necesario y urgente que los peruanos nos reeduquemos como sociedad. De otra manera, viejos y nuevos huaycos seguirán cayendo sobre nosotros. De otra manera seguiremos  degradándonos como sociedad.


Escrito por

Victor Vich

Crítico literario. Doctor en Literatura Hispanoamericana en Georgetown University, EEUU. Es profesor en la PUCP e investigador en el IEP.


Publicado en