no está satisfecha

foto: garry knight

La poesía contra el mundo

Publicado: 2014-01-12

Estoy ya por llegar a mi casa, manejando mi bici y recuerdo que he leído que Rafael Espinoza ha publicado un nuevo libro de poesía. Entonces, me descubro muy cerca de la librería Inestable y decido detenerme y preguntar por él. Carlos Carnero es mi amigo, el dueño de la librería y un verdadero héroe cultural en estos tiempos vacíos y gélidos (¿O debería decir “vaciados”?). Rafael Espinoza es un poeta que he seguido desde hace años. Ese día -que ha sido un día duro- intuyo que leer un poemario suyo será un nuevo desafío. Tengo ganas de sentarme un rato. Llego a la librería, saludo a Carlos, conversamos un instante y le pregunto por el libro. Me dice que lo tiene, lo busca y me lo entrega amablemente. Recobro los ánimos, me da ilusión sentarme a leer cuando llegue a mi casa. Lo miro, lo ojeo y le pregunto por el precio. Entonces, Carlos me dice que es gratis. ¿Qué?, no entiendo. ¿Se trata de un regalo? “No -me responde asertivamente- ese libro es gratis”. “El poeta me ha dicho que ya está cansado de vender cada libro que publica y que ha decidido reglarlo a todo aquel que pregunte por él”. Sonrío, mi desconcierto se incrementa, pero vuelvo a sonreír. Regreso a mi casa: una mano en el timón, la otra con el libro, y también en el timón. No puedo dejar de pensar en ese gesto. ¿Es la poesía el último refugio contra la frivolidad del mercado? ¿Se tratará de una crítica a la sociedad actual? ¿O más bien es el gesto cómodo de alguien que ya no necesita dinero? Dudo mucho que se trate de esto último. Noto que son solo 300 ejemplares, que seremos pocos. Ya es de noche y puedo sentarme a leer el libro. Encuentro versos que me impactan:

Yo me ofrecí a prenderle el cigarro con mis pestañas.
Es todo lo que puedo brindar; una visión calcinada.

Sigo pensando en la escena de la librería: solicitar un libro, que te lo den y que luego te digan “No, por favor, lléveselo nomás: es gratis”. Una especie de “economía del regalo” y no del interés. No dudo que se trata de una imagen de ciencia ficción, pero con ese gesto también se nos confronta a la proyección utópica de un mundo diferente. Ese acto nos instala en otra dimensión de la realidad; en un posible que nos impacta por el contraste que genera. Pero por supuesto no se trata solo de eso. Se trata, además, del gesto performativo que ese libro ha querido realizar en la ciudad: un acto artístico, una acción -quizá vanguardista- que le añade algo más a estos versos que ahora tengo en mis manos. Hay, en efecto, algo que ese libro, esa librería, ese librero y ese poeta, están queriendo decir con ese gesto. Recomiendo el poema 17. También el 20. Pero en todo caso, siento algo anónimo, algo profundamente anónimo, que me interpela y nos interpela como comunidad. Lo cierto es que este objeto, este libro, parece haber traído consigo una línea más, un acto, un verso diferente, que todos agradecemos.


Escrito por

Victor Vich

Crítico literario. Doctor en Literatura Hispanoamericana en Georgetown University, EEUU. Es profesor en la PUCP e investigador en el IEP.


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