Dos Ideas sobre el 5 de abril

Publicado: 2012-04-05

Dos son las ideas que me interesa resaltar sobre el 5 de abril:

La primera viene de Walter Benjamín cuando sostiene que “cada ascenso del fascismo da testimonio de una revolución fallida”. Puede decirse entonces que el fascismo “toma el lugar” de la revolución, la reemplaza, emerge luego de su derrota y da cuenta de algo que la izquierda no supo hacer. Los ejemplos históricos sobran: el nazismo evita una revolución socialista en Alemania, Mussolini surge luego del fracaso de los movimientos obreros en el norte de Italia, Franco derrota a la República española y Pinochet suplanta al socialismo en Chile.

La historia peruana no es tan clara pero hay un importante proceso por recordar. Desde los años sesenta se vivía un clima de intensa agitación política. El movimiento social era cada vez más intenso respecto a la presión por la reforma agraria, por la educación pública, por los servicios básicos en un contexto de intensas migraciones y pobreza extrema. Las organizaciones populares se multiplicaban y los sindicatos eran mucho más representativos de lo que son hoy en día. Los partidos de izquierda tenían militantes por todo el país y eran influyentes. La “teología de la liberación” se había difundido con éxito (muchos obispos se sentían parte de ella) y los católicos asumían su fe desde el fiel compromiso por la justicia social y la búsqueda de una mayor solidaridad humana.

La década del ochenta es, al mismo tiempo, el momento cumbre y final de este proceso. Por un lado, porque la izquierda, ya unificada, ganaba alcaldías por todo el país y realizó una importante gestión en Lima. Por otro, porque el movimiento social era intenso, las organizaciones populares eran poderosas y la construcción de la comunidad autogestionaria de Villa el Salvador se había convertido en un ejemplo político para todo el país. Sin embargo, sabemos bien que estos fueron los años de una violencia que arrasaba con mundo rural, que asesinaba a dirigentes populares y que solo generaba terror y rechazo en toda la población. El Apra, por su parte, quebró la economía, destruyó las instituciones y su proyecto fue un fraude. Entonces, las elecciones las ganó Fujimori y, en su primer gabinete, convocó a intelectuales de izquierda. Sin embargo ese gabinete también fracasó muy pronto. Lejos ya de la tentación populista, Fujimori optó (como lo ha recordado Cotler hace poco) por aliarse con los militares, pactó ortodoxamente con el poder internacional y realizó así el autogolpe de Estado. No habrá marcha atrás.

Pienso entonces que el autogolpe marca el final de todo un proceso que venía al menos de tres décadas atrás. Aunque la izquierda se había dividido hacía poco (a causa de las interminables luchas entre caudillos autoritarios), lo cierto es que luego del 5 de abril el movimiento social se fragmentará, la organización popular comenzará a dejar de ser importante y no habrán más partidos de izquierda. Al igual que en Europa durante el surgimiento de los fascismos, más del 80% de la población apoyó a Fujimori. Al fracaso de la izquierda y del rol dirigente del Estado, surgió entonces el protagonismo del mercado y la centralidad del individuo, ya desprendido de su grupo, o de su acción colectiva. Desde un punto de vista económico-cultural podríamos notar cómo el Mega-plaza de Comas reemplazó al proyecto de Villa el Salvador. En efecto, algo nuevo emergió en el Perú como producto del fracaso de un proceso ciertamente democratizante (una revolución social pero no entendida como la “toma del poder” sino como la lenta construcción de una nueva hegemonía) que no supo o no pudo cristalizarse de manera efectiva.

La segunda idea viene de Žižek y sostiene que el actual capitalismo se va volviendo, cada vez más, un sistema autoritario incompatible con la democracia. Es decir, ocurre que hoy en día la democracia ya no es una fuerza motivadora del capitalismo sino, por el contrario, un obstáculo para su desarrollo. A nivel internacional, la República China sería el ejemplo más contundente de este proceso, es decir, un ejemplo que muestra lo bien que le hace al capitalismo situarse en una dictadura.

De hecho, el nuevo capitalismo ha acumulado mucho poder y hoy es una fuerza que impone sus condiciones a como dé lugar. En los noventas, la alianza entre muchos empresarios y el fujimorismo fue, sin duda alguna, la de una mafia dispuesta a todo. Pero sobre todo, y más recientemente, recordemos cómo el mismo día que Ollanta Humala ganó las elecciones los grupos de poder comenzaron a construir su agenda política y decidieron quién tenía que ser su Ministro de economía y quién el presidente del Banco Central de Reserva. Al día siguiente dieron un ultimátum: la bolsa de valores registró su caída más baja en varios años. Sigamos: luego de los hechos ocurridos Bagua y Conga, hoy sabemos que “la ley de consulta previa” no es una ley vinculante y que se tratará solamente de un elemento más por considerar. Es decir, no importa que los pueblos digan “no” porque el capitalismo puede decir que “sí” y eso podrá ser suficiente.

Dicho de otra manera: a este nuevo capitalismo no le gusta la política, no le gusta tener interlocutores que lo contradigan. En su voracidad por la acumulación, se trata de una dinámica que está dispuesta a todo. Antes, el llamado “capitalismo fordista” llegaba a algunos acuerdos con los sindicatos y era mucho más dialogante, pero ahora no ocurre así: los actuales regímenes capitalistas (de flexibilidad laboral) son mudos, casi autistas y cierran sus puertas ante cualquier intento de diálogo. Es más: se encuentran siempre activando diversas campañas para desprestigiar a sus interlocutores. Desde ahí, los campesinos de Bagua son “ignorantes”, son “ciudadanos de segunda clase”, o en el mejor de los casos se dice simplemente que “están manipulados”.

Si la democracia es la posibilidad del disenso, hoy el disenso se ha vuelto una mala palabra. Hoy se nos dice que solo un único camino es viable, que solo existe un modelo de desarrollo, y aquel que cuestiona el sistema queda situado en el borde de la legalidad. Si en las décadas anteriores, definirse como una persona “anti-sistema” era un gesto humanista (y hasta católico), hoy por el contrario ello equivale a ser calificado de subversivo o terrorista. Hoy, lo cierto es que el capitalismo busca regímenes y estrategias autoritarias pues la democracia parece contener su necesidad de expansión y por eso muchos neoliberales asumen posiciones fundamentalistas (y hasta violentas).

El 5 de abril no fue solo una simple acción política; fue un hecho que inauguró una nueva época, vale decir, un hecho que abrió un espacio para que se desarrollara algo que ha venido construyendo la sociedad de otra manera.